Que la ciudad de Zaragoza necesita un nuevo estadio de fútbol es la única premisa en la que todo el mundo está de acuerdo, desde los aficionados al Real Zaragoza, pasando por los diferentes partidos políticos o las asociaciones y colectivos vecinales.

El Ayuntamiento de Zaragoza, propietario del estadio actual, comenzó a plantearse la necesidad de construir un nuevo estadio que reuniera las condiciones que marcan UEFA y FIFA para que se puedan jugar en él competiciones nacionales e internacionales.

Desde entonces, muchos han sido los estudios y análisis que se han llevado a cabo y que culminaron con un concurso internacional de ideas que encargo en la pasada legislatura el Gobierno presidido por José Atarés que se había decantado por la construcción de un nuevo campo en el nuevo barrio de Valdespartera. Una ubicación en solares municipales, que daría carácter al barrio y respondería a las necesidades de espacio que demanda un estadio de primera categoría y que en su emplazamiento actual no dispondría.

El reconocido arquitecto internacional, Ricardo Bofill, ganó el concurso con un modelo de estadio moderno, vanguardista que posibilitaría la construcción de un nuevo estadio de fútbol en Zaragoza, un estadio de primera categoría según las prescripciones de FIFA y UEFA. Un nuevo estadio concebido como un lugar de ocio y servicios ciudadanos con el fin de que el edificio tenga vida todos los días y no sólo cada dos fines de semana, durante las competiciones deportivas.

Con el cambio de gobierno en el Ayuntamiento de Zaragoza, en junio de 2003, PSOE y CHA deciden desterrar el proyecto Bofill y encargar nuevos estudios que desembocan en la decisión de que el nuevo estadio se quede en su ubicación actual. Un estudio del equipo de arquitectos Cano y Lasso plantea la construcción de un estadio un poco más grande que el actual y su mismo emplazamiento y compaginando la construcción con la utilización del mismo en las competiciones deportivas.

La polémica está servida. Colectivos vecinales, peñas, aficionados, colegios profesionales, entidades, asociaciones, partidos políticos y hasta el Real Zaragoza están opinando sobre los dos proyectos que tiene el Consistorio zaragozano encima de la mesa buscando los beneficios e inconvenientes que cada uno de ellos presenta.